Gestión con sentido

Al hablar de en qué consiste la gestión empresarial, por norma general se suele pensar en la práctica de toma de decisiones, asignación de recursos, establecimiento de incentivos económicos y la puesta en marcha y gestión de la forma organizativa adecuada que haga efectiva la razón de ser y la proyección futura de una organización.

Desde el primer momento se nos ha inculcado que una empresa existe fundamentalmente para ganar dinero. No obstante, algunas han entendido que los beneficios y la rentabilidad no son un fin en sí mismo, sino la consecuencia del trabajo de un grupo de personas que son capaces de obtener unos resultados superiores a la media.

¿Y cómo se hace eso? ¿Qué variables o teclas es conveniente tener en cuenta para obtener un rendimiento superior a la media? La investigación en ciencias sociales y empresariales nos aporta al menos tres claves a las que deberíamos prestar especial atención.

La primera de estas claves nos dice que las personas dan tanta importancia a la forma en la que se enfocan los procesos tanto como al resultado, y que su rendimiento depende en gran medida del papel que tengan en el diseño y desarrollo de la actividad de la que forman parte.

Esto se traduce en la necesidad de que en la gestión estén presentes tres verbos de forma permanente. Estos son involucrar, explicar y clarificar expectativas.

Involucrar a las personas en las decisiones relativas a su ámbito de trabajo y fomentar el intercambio y conversaciones que planteen formas alternativas dota del sentido necesario para que una actividad se realice de forma productiva. Plantear alternativas de forma conjunta tanto a las decisiones como a las formas de hacer genera conocimiento colectivo, mejora la calidad de las decisiones y el compromiso.

Explicar supone concretar el razonamiento existente detrás de toda decisión así como los criterios y otras alternativas barajadas para el mismo. Por último pero no menos importante, está la necesidad de clarificar expectativas y consiste en definir de forma explícita las reglas, los estándares de rendimiento, las responsabilidades así como las consecuencias de la no consecución de los objetivos.

Involucrar, explicar y clarificar expectativas tiene una relación directa en crear entornos de trabajo que pasan del “hago lo que me dicen que hagan” a “hago lo que es conveniente hacer”.

La segunda de las claves derivadas de las investigaciones nos enseña que a menudo son las organizaciones y/o los/as gestores quienes aumentan el nivel de incompetencia de las personas, o dicho de otra forma, contribuimos directamente a que las personas que creemos son incompetentes terminen siéndolo.

La tercera es que si sólo pensamos en recompensas para motivar a las personas las motivaremos únicamente para eso, para recibir recompensas. Decía Julius Ervin que ser profesional es hacer las cosas que te gustan cuando no te apetece hacerlas. Sin un nivel de autonomía, una curva de desarrollo personal y un propósito de porque se hace lo que se hace es difícil ser profesional.

Gestionar con sentido no necesariamente implica tener que tomar todas las decisiones por consenso, ni pretender conseguir siempre armonía incorporando todos los pareceres o intereses. No obstante, cada vez hay una mayor evidencia de que cuando las personas perciben que los procesos son justos y se las involucra, explicando las razones de una decisión sobre otras alternativas y siendo claros con las expectativas esperadas aceptan de buen grado cuando los resultados no son del todo beneficiosos para ellas.

Las personas no son estúpidas y saben que los compromisos y sacrificios son necesarios, pero difícilmente se comprometerán si la empresa ni el estilo de gestión no muestra un compromiso con ellas.

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