Consultoría, gestión y evidencias.

El ámbito de la consultoría, la investigación y los servicios profesionales ligados al asesoramiento en empresas está pasando por momentos delicados.

Analizar los factores que hacen que las empresas no valoren estos servicios en suficiente medida daría para un extenso análisis, aunque parece claro que la viabilidad futura de muchas de estas actividades dependerá de su capacidad de transmitir y generar en las empresas cliente resultados medibles, concretos o cambios en las formas de hacer (prácticas, rutinas y comportamientos) para que estas terminen generando resultados diferentes.

La gestión empresarial no son ciencias exactas y al igual que en cualquier otro ámbito hay enfoques e ideas para todos los gustos, pero hay algunas cuestiones que es conveniente ir subsanando. Muchas de los nuevos enfoques de gestión se componen de viejos conceptos rebautizados. Es conveniente dejar de tratar las ideas viejas como si fueran nuevas, pero también diferenciar un discurso que parece trillado de una realidad (la de las empresas) que dista mucho del mismo.

Una mirada cruel hacia el sector diría que los servicios dedicados a la mejora de la gestión empresarial y la actividad económica ligada en el ámbito de la investigación, asesoría y consultoría requieren de un flujo constante de novedades para sobrevivir convirtiéndose en un monstruo que se alimenta a sí mismo.

Por otra parte, no es menos cierto que la forma de gestión de las empresas sigue siendo la misma que la de hace cien años y esto tiene un impacto negativo directo en la competitividad de las mismas. En este sentido, conceptos, criterios y técnicas como gestión de la innovación, orientación al cliente, conocimiento de mercado, participación, gestión de personas, equipos de alto rendimiento, diversificación, etc. se han hecho habituales en la oratoria y son utilizadas como palabras comodín, pero la realidad de nuestras empresas sigue sin incorporarlos a su día a día en la extensión y profundidad adecuada.

No nos gusta teorizar aunque nos olvidamos que nuestras acciones siempre están guiadas por una serie de supuestos que manejamos, es decir, de teoría. Analizando la práctica diaria vemos  que la gestión que aplicamos en las empresas sigue tirando de conocimiento caduco, de conceptos trasnochados basados en experiencias particulares o de acontecimientos pasados que poco tienen que ver con el contexto actual. Asumiendo esta hipótesis como cierta, los servicios profesionales relacionados con la gestión (consultoría, formación e investigación) siguen siendo más necesarios que nunca, pero es conveniente replantearlos en primer lugar incorporando criterios basados en evidencias y en segundo reinventando la forma de prestar los servicios para generar más impacto / resultados.

Toda técnica y/o enfoque de gestión tiene pros y contras, beneficios y costos, absolutamente todas. Quien diga lo contrario, miente. Esto no implica que no haya que llevarlas a cabo, sino que es conveniente ser consciente de sus implicaciones.

En este sentido, Incorporar técnicas o modas de gestión como si fueran la panacea es uno de los principales obstáculos para una gestión basada en evidencias, por no hablar de que impide el aprendizaje necesario para progresar, de ahí la necesidad de adoptar una postura neutral para con las ideologías y teorías. Es la ideología la que a menudo nos incapacita para aprender de hechos que no sean conniventes con nuestra lógica de pensamiento y si algo necesitamos son criterios de gestión basados en evidencias, y no en ideas felices.

A la hora de gestionar  cualquier programa destinado a producir cambios en la dinámica de una empresa, es fundamental centrarse en el comportamiento tal y como se practica en la vida diaria de la organización, y debemos de admitir que tal y como se han configurado los servicios a empresas o bien no ha sido así, o en caso afirmativo no ha dado los resultados esperados, de ahí las frases de “si no hay subvención, difícil”.

Gestionar implica incidir en comportamientos que produzcan resultados. Muchos de los servicios profesionales, tal y como se han concebido hasta ahora, no lo han conseguido. Apliquémonos el cuento y aportemos mayor valor, las empresas lo necesitan.

 

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